Según el creador de Dogecoin, las criptomonedas son una estafa

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Jackson Palmer nuevamente hizo público su pensamiento para referirse a las criptomonedas, a las que considera una “tecnología de derecha”.

Uno de los creadores de Dogecoin, regresó a Twitter para dar su opinión sobre las criptomonedas. Tras hacer privada su cuenta a mediados de 2019, el exingeniero de software de Adobe nuevamente hizo ruido en la red social para expresar que las criptos son, básicamente, una estafa diseñada para hacer más ricos a los ricos.

En un hilo de Twitter, Palmer explica que constantemente debe responder a preguntas relacionadas con las criptomonedas y su posible regreso a ellas, por lo que decidió expresar ahí todo lo que opina sobre el tema. Esto incluye a Dogecoin, que él mismo creó junto con el ingeniero de IBM, Billy Marcus, en 2013.

“Después de años de estudiarlo, creo que las criptomonedas son una tecnología inherentemente de derecha”, escribe. “Una tecnología hipercapitalista construida, principalmente, para amplificar la riqueza de sus proponentes a través de una combinación de evasión de impuestos, menor supervisión reglamentaria y escasez reforzada artificialmente”.

criptomonedas

Jackson continúa diciendo que, a pesar del argumento de la descentralización, la industria está controlada por un “poderoso cártel de personajes acaudalados” y se aprovecha de ciertas conexiones para perpetuar lo que él llama “una especie de culto” diseñado para aprovecharse de “personas financieramente desesperadas e ingenuas”.

Sin embargo, señala que hoy en día cualquier crítica hacia las criptodivisas es motivo de ataque por parte de figuras poderosas, así como inversionistas “a quienes vendieron la falsa promesa de ser multimillonarios un día”.

Finalmente, Jackson Palmer responde a la pregunta que se planteó inicialmente y niega tajantemente la posibilidad de regresar, algún día, al negocio. Señala que ya no le interesa participar en la discusión pública sobre las criptomonedas .

“Aplaudo a aquellos que aún tienen la energía para seguir haciendo preguntas duras y aplicando el lente del escepticismo riguroso al que toda la tecnología debe someterse. Las nuevas tecnologías pueden hacer del mundo un mejor lugar, pero no cuando están desacopladas de sus políticas inherentes o sus consecuencias sociales”, finaliza.


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